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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO LXXXVII.

pensar en ello; y como aquella tierra es muy poblada, íbamos siempre caminando muy chicas jornadas, y encomendándonos á Dios y á su bendita Madre Nuestra Señora, y platicando cómo y de qué manera podiamos entrar, y pusimos en nuestros corazones con buena esperanza, que pues Nuestro Señor Jesucristo fué servido guardarnos de los peligros pasados, que tambien nos guardaria del poder de Méjico; y fuimos á dormir á un pueblo que se dice Istapalatengo, que es la mitad de las casas en el agua y la mitad en tierra firme, donde está una sierrezuela, y agora está una venta cabe él, y allí tuvimos bien de cenar.

Dejemos esto, y volvamos al gran Montezuma, que como llegaron sus mensajeros é oyó la respuesta que Cortés le envió, luego acordó de enviar á su sobrino, que se decia Cacamatzin, señor de Tezcuco, con muy gran fausto á dar el bien venido á Cortés y á todos nosotros; y como siempre teniamos de costumbre tener velas y corredores del campo, vino uno de nuestros corredores á avisar que venia por el camino muy gran copia de mejicanos de paz, y que al parecer venian de ricas mantas vestidos; y entónces cuando esto pasó era muy de mañana, y queriamos caminar, y Cortés nos dijo que reparásemos en nuestras posadas hasta ver qué cosa era, y en aquel instante vinieron cuatro principales, y hacen á Cortés gran reverencia, y le dicen que allí cerca viene Cacamatzin, gran señor de Tezcuco, sobrino del gran Montezuma, y que nos pide por merced que aguardemos hasta que venga; y no tardó mucho, porque luego llegó con el mayor fausto y grandeza que ningun señor de los mejicanos habiamos visto traer, porque venia en andas muy ricas, labradas de plumas verdes, y mucha argentería y otras ricas piedras engastadas en ciertas arboledas de oro que en ellas traia hechas de oro, y traian las andas á cuestas ocho principales, y todos decian que eran señores de pueblos; é ya que llegaron cerca del aposento donde estaba Cortés, le ayudaron á salir de las andas, y le barrieron el suelo, y le quitaban las pajas por donde habia de pasar; y desde que llegaron ante nuestro capitan, le hicieron grande acato, y el Cacamatzin le dijo:

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