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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO XCII.

Y como aquello le oyó nuestro capitan, y tan alterado, no le replicó más en ello, y con cara alegre le dijo:

—«Hora es que Vuestra Majestad y nosotros nos vamos.»

Y el Montezuma respondió que era bien, é que porque él tenia que rezar é hacer ciertos sacrificios en recompensa del gratlatlacol, que quiere decir pecado que habia hecho en dejarnos subir en su gran cu é ser causa de que nos dejase ver sus dioses, é del deshonor que les hicimos en decir mal dellos, que ántes que se fuese que lo habia de rezar é adorar.

Y Cortés le dijo:

—«Pues que así es, perdone, señor.»

É luego nos bajamos las gradas abajo, y como eran ciento y catorce, é algunos de nuestros soldados estaban malos de bubas ó humores, les dolieron los muslos de bajar.

Y dejaré de hablar de su adoratorio, y diré lo que me parece del circuito y manera que tenia; y si no lo dijere tan al natural como era, no se maravillen, porque en aquel tiempo tenia otro pensamiento de entender en lo que traiamos entre manos, que era en lo militar y lo que mi capitan Cortés me mandaba, y no en hacer relaciones.

Volvamos á nuestra materia. Paréceme que el circuito del gran cu seria de seis muy grandes solares de los que dan en esta tierra, y desde abajo hasta arriba, adonde estaba una torrecilla, é allí estaban sus ídolos, va estrechando, y en medio del alto cu hasta lo más alto dél van cinco concavidades á manera de barbacanas y descubiertas sin mamparos; y porque hay muchos cues pintados en reposteros de conquistadores, é en uno que yo tengo, que cualquiera dellos al que los ha visto, podrá colegir la manera que tenian por defuera; mas lo que yo vi y entendí, é dello hubo fama en aquellos tiempos que fundaron aquel gran cu, en el

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