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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO XIX.

Andando las cosas y conciertos desta manera que aquí he dicho, dos grandes privados del Diego Velazquez, que se decian Andrés de Duero, secretario del mismo gobernador, y un Amador de Larez, contador de su majestad, hicieron secretamente compañía con un buen hidalgo, que se decia Hernando Cortés, natural de Medellin, el cual fué hijo de Martin Cortés de Monroy y de Catalina Pizarro Altamirano, é ámbos hijosdalgo, aunque pobres; é así era por la parte de su padre Cortés y Monroy, y la de su madre Pizarro é Altamirano: fué de los buenos linajes de Extremadura, é tenia indios de encomienda en aquella isla, é poco tiempo habia que se habia casado por amores con una señora que se decia doña Catalina Suarez Pacheco, y esta señora era hija de Diego Suarez Pacheco, ya difunto, natural de la ciudad de Ávila, y de María de Mercaida, vizcaina y hermana de Juan Suarez Pacheco; y este, despues que se ganó la Nueva-España, fué vecino y encomendado en Méjico; y sobre este casamiento de Cortés le sucedieron muchas pesadumbres y prisiones, porque Diego Velazquez favoreció las partes della, como más largo contarán otros; y así pasaré adelante y diré acerca de la compañía, y fué desta manera: que concertaron estos dos grandes privados del Diego Velazquez que le hiciesen dar á Hernando Cortés la capitanía general de toda la armada, y que partirian entre todos tres la ganancia del oro y plata y joyas de la parte que le cupiese á Cortés; porque secretamente el Diego Velazquez enviaba á rescatar, y no á poblar.

Pues hecho este concierto, tienen tales modos el Duero y el contador con el Diego Velazquez, y le dicen tan buenas y melosas palabras, loando mucho á Cortés, que es persona en quien cabe aquel cargo, y para capitan muy esforzado y que le seria muy fiel, pues era su ahijado, porque fué su padrino cuando Cortés se veló con doña Catalina Suarez Pacheco; por manera que le persuadieron á ello y luego se eligió por capitan general; y el Andrés de Duero, como era secretario del gobernador, no tardó en hacer las provisiones, como dice en el refran, de muy buena tinta, y como Cortés las quiso bastantes, y se las trujo firmadas.

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