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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO LI.

les estaba bien de dejar sus ídolos y sacrificios, y que aquellos sus dioses les daban salud y buenas sementeras y todo lo que habian menester; y que en cuanto á lo de las sodomías, que pornán resistencia en ello para que no se use más; y como Cortés y todos nosotros vimos aquella respuesta tan desacatada y habiamos visto tantas crueldades y torpedades, ya por mí otra vez dichas, no las pudimos sufrir; y entónces nos habló Cortés sobre ello y nos trujo á la memoria unas santas y buenas doctrinas, y que, ¿cómo podiamos hacer ninguna cosa buena si no volviamos por la honra de Dios y en quitar los sacrificios que hacian á los ídolos? Y que estuviésemos muy apercebidos para pelear si nos lo viniesen á defender que no se los derrocásemos, y que, aunque nos costase las vidas, en aquel dia habia de venir al suelo.

Y puestos que estábamos todos muy á punto con nuestras armas, como lo teniamos de costumbre para pelear, les dijo Cortés á los caciques que los habian de derrocar; y cuando aquello vieron luego mandó el cacique gordo á otros sus capitanes que se apercibiesen muchos guerreros en defensa de sus ídolos; y cuando vió que queriamos subir en un alto cu, que es su adoratorio, que estaba alto y habia muchas gradas, que ya no se me acuerda qué tantas habia, vimos al cacique gordo con otros principales muy alborotados y sañudos, y dijeron á Cortés que por qué les queriamos destruir.

Y que si les haciamos deshonor á sus dioses ó se los quitamos, que todos ellos perecerian, y aun nosotros con ellos; y Cortés les respondió muy enojado que otra vez les ha dicho que no sacrifiquen á aquellas malas figuras, porque no les traigan más engañados, y que á esta causa los veniamos á quitar de allí, é que luego á la hora los quitasen ellos; si no, que luego los echarian á rodar por las gradas abajo; y les dijo que no los terniamos por amigos, sino por enemigos mortales, pues que les daba buen consejo y no le querian creer; y porque habian visto que habian venido sus capitanes puestos en armas de guerreros, que está enojado con ellos y que se lo pagarán con quitalles las vidas; y como vieron á Cortés que les decia aquellas amenazas, y nuestra lengua doña Marina que se lo sabia muy bien dar á entender y aun los amenazaba con los poderes de Montezuma, que cada dia los aguardaba, por temor desto dijeron que ellos que no eran dignos de llegar á sus dioses, y que si nosotros los queriamos derrocar, que no era con su consentimiento, que se los derrocásemos y hiciésemos lo que quisiésemos.

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