nosotros las grandes mercedes recebidas de cada dia, é que ciertamente veniamos de donde sale el sol, y somos vasallos y criados de un gran señor que se dice el Emperador D. Cárlos, que tiene sujetos á sí muchos y grandes Príncipes, é que teniendo noticia dél y de cuán gran señor es, nos envió á estas partes á le ver é á rogar que sean cristianos, como es nuestro Emperador é todos nosotros, é que salvarán sus ánimas él y todos sus vasallos, é que adelante le declarará más cómo y de qué manera ha de ser, y cómo adoramos á un solo Dios verdadero, y quién es, y otras muchas cosas buenas que oirá, como les habia dicho á sus embajadores Tendile é Pitalpitoque é Quintalvor cuando estábamos en los arenales.
É acabado este parlamento, tenia apercebido el gran Montezuma muy ricas joyas de oro y de muchas hechuras, que dió á nuestro capitan, é asimismo á cada uno de nuestros capitanes dió cositas de oro y tres cargas de mantas de labores ricas de pluma, y entre todos los soldados tambien nos dió á cada uno á dos cargas de mantas, con alegría, y en todo parecia gran señor.
Y cuando lo hubo repartido, preguntó á Cortés que si éramos todos hermanos y vasallos de nuestro gran Emperador, é dijo que sí, que éramos hermanos en el amor y amistad, é personas muy principales é criados de nuestro gran Rey y señor.
Y porque pasaron otras pláticas de buenos comedimientos entre Montezuma y Cortés, y por ser esta la primera vez que nos venia á visitar, y por no le ser pesado, cesaron los razonamientos; y habia mandado el Montezuma á sus mayordomos que á nuestro modo y usanza estuviésemos proveidos, que es maíz, é piedras é indias para hacer pan, é gallinas y fruta, y mucha yerba para los caballos; y el gran Montezuma se despidió con gran cortesía de nuestro capitan y de todos nosotros, y salimos con él hasta la calle, y Cortés nos mandó que al presente que no fuésemos muy léjos de los aposentos, hasta entender más lo que conviniese.