nos tenian, que estuviésemos entre sus ídolos, como teules que allí tenia.
Sea de una manera ú de otra, allí nos llevaron, donde tenia hechos grandes estrados y salas muy entoldadas de paramentos de la tierra para nuestro capitan, y para cada uno de nosotros otras camas de esteras y unos toldillos encima, que no se da más cama por muy gran señor que sea, porque no las usan; y todos aquellos palacios muy lucidos y encalados y barridos y enramados; y como llegamos y entramos en un gran patio, luego tomó por la mano el gran Montezuma á nuestro capitan, que allí lo estuvo esperando, y le metió en el aposento y sala donde habia de posar, que le tenia muy ricamente aderezada para segun su usanza, y tenia aparejado un muy rico collar de oro, de hechura de camarones, obra muy maravillosa; y el mismo Montezuma se lo echó al cuello á nuestro capitan Cortés, que tuvieron bien que admirar sus capitanes del gran favor que le dió; y cuando se lo hubo puesto, Cortés le dió las gracias con nuestras lenguas; é dijo Montezuma: