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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO XXVII.

labrada la cara é horadadas las orejas; ¿qué dirán de mí desque me vean esos españoles ir desta manera? É ya veis estos mis tres hijitos cuán bonitos son. Por vida vuestra que me deis desas cuentas verdes que traeis, para ellos, y diré que mis hermanos me las envian de mi tierra.»

É asimismo la india mujer del Gonzalo habló al Aguilar en su lengua muy enojada, y le dijo:

—«Mira con qué viene este esclavo á llamar á mi marido: íos vos, y no cureis de más pláticas.»

Y el Aguilar tornó á hablar al Gonzalo que mirase que era cristiano, que por una india no se perdiese el ánima; y si por mujer é hijos lo habia, que la llevase consigo si no los queria dejar; y por más que le dijo é amonestó, no quiso venir. Y parece ser aquel Gonzalo Guerrero era hombre de la mar, natural de Pálos.

Y desque el Jerónimo de Aguilar vido que no queria venir, se vino luego con los dos indios mensajeros adonde habia estado el navío aguardándole, y desque llegó no le halló; que ya se habia ido, porque ya se habian pasado los ocho dias, é aun uno más que llevó de plazo de Ordás para que aguardase; porque desque vió el Aguilar no venia, se volvió á Cozumel, sin llevar recaudo á lo que habia venido; y desque el Aguilar vió que no estaba allí el navío, quedó muy triste, y se volvió á su amo al pueblo donde ántes solia vivir.

Y dejaré esto, é diré cuando Cortés vió venir al Ordás sin recaudo ni nueva de los españoles ni de los indios mensajeros, estaba tan enojado, que dijo con palabras soberbias el Ordás que habia creido que otro mejor recaudo trajera que no venirse así sin los españoles ni nueva dellos; porque ciertamente estaban en aquella tierra.

Pues en aquel instante aconteció que unos marineros que se decian los Peñates, naturales de Gibraleon, habian hurtado á un soldado que se

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