para india de mucho ser, que sabe la lengua de Méjico, que es la que se usa en toda la tierra, y que con ella y el Aguilar tenemos verdaderas lenguas; cómo desembarcamos en San Juan de Ulúa, y de las pláticas de los embajadores del gran Montezuma, y quién era el gran Montezuma y lo que se decia de sus grandezas y del presente que trujeron, y cómo fuimos á Cempoal, que es un pueblo grande, y desde allí á otro pueblo que se dice Quiahuistlan, que estaba en fortaleza, y cómo se hizo la liga y confederacion con nosotros, y quitaron la obediencia á Montezuma en aquel pueblo, demás de treinta pueblos que todos le dieron la obediencia y están en su Real patrimonio, y la ida de Cingapacinga; cómo hicimos la fortaleza, y que agora estamos de camino para ir la tierra adentro hasta vernos con el Montezuma; cómo aquella tierra es muy grande y de muchas ciudades y muy pobladísima, y los naturales grandes guerreros; cómo entre ellos hay muchas diversidades de lenguas y tienen guerra unos con otros; cómo son idólatras y se sacrifican y matan en sacrificios muchos hombres é niños y mujeres, y comen carne humana y usan otras torpedades; cómo el primer descubridor fué un Francisco Hernandez de Córdoba, y luego cómo vino Juan de Grijalva, é que agora al presente le servimos con el oro que hemos habido, que es el sol de oro y la luna de plata y un casco de oro en granos como se coge en las minas, y muchas diversidades y géneros de piezas de oro hechas de muchas maneras, mantas de algodon muy labradas de plumas y primas; otras muchas de oro, que fueron mosqueadores, rodelas y otras cosas que ya no se me acuerda, como há ya tantos años que pasó; tambien enviamos cuatro indios que quitamos en Cempoal, que tenian á engordar en unas jaulas de madera para despues de gordos sacrificallos y comérselos.
Y despues de hecha esta relacion é otras cosas, dimos cuenta y relacion cómo quedábamos en estos sus reinos cuatrocientos y cincuenta soldados á muy gran peligro entre tanta multitud de pueblos y gentes belicosas y muy grandes guerreros, para servir á Dios y á su Real Corona; y le suplicamos que en todo lo que se nos ofreciese nos haga mercedes, y que no hiciese merced de la gobernacion destas tierras ni de ningunos oficios