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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO XCII.

Pues pescaderas y otros que vendian uno panecillos que hacen de una como lama que cogen de aquella gran laguna, que se cuaja y hacen panes dello, que tienen un sabor á manera de queso; y vendian hachas de laton y cobre y estaño, y jícaras, y unos jarros muy pintados, de madera hechos.

Ya queria haber acabado de decir todas las cosas que allí se vendian, porque eran tantas y de tan diversas calidades, que para que lo acabáramos de ver é inquirir era necesario más espacio; que, como la gran plaza estaba llena de tanta gente y toda cercada de portales, que en un dia no se podia ver todo; y fuimos al gran cu, é ya que íbamos cerca de sus grandes patios, é ántes de salir de la misma plaza estaban otros muchos mercaderes, que segun dijeron, era que tenian á vender oro en granos como lo sacan de las minas, metido el oro en unos cañutillos delgados de los de ansarones de la tierra, é así blancos porque se pareciese el oro por defuera, y por el largor y gordor de los cañutillos tenian entre ellos su cuenta qué tantas mantas ó qué jiquipiles de cacao valía, ó qué esclavos, ó otra cualquier cosa á que lo trocaban.

É así, dejamos la gran plaza sin más la ver, y llegamos á los grandes patios y cercas donde estaba el gran cu, y tenia ántes de llegar á él un gran circuito de patios, que me parece que eran mayores que la plaza que hay en Salamanca, y con dos cercas alrededor de cal y canto, y el mismo patio y sitio todo empedrado de piedras grandes de losas blancas y muy lisas, y adonde no habia de aquellas piedras, estaba encalado y bruñido, y todo muy limpio, que no hallaran una paja ni polvo en todo él.

Y cuando llegamos cerca del gran cu, ántes que subiésemos ninguna grada dél, envió el gran Montezuma desde arriba, donde estaba haciendo sacrificios, seis papas y dos principales para que acompañasen á nuestro capitan Cortés, y al subir de las gradas, que eran ciento y catorce, le iban á tomar de los brazos para le ayudar á subir, creyendo que se cansaria, como ayudaban á subir á su señor Montezuma, y Cortés no quiso que llegasen á él; y como subimos á lo alto del gran cu, en una placeta que

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