el Garay del piloto Anton de Alaminos y de otro piloto que habiamos traido con nosotros, que podia pedir á su majestad desde el rio de San Pedro y San Pablo por la banda del norte todo lo que descubriese; y como el Garay tenia en la córte quien le favoreciese con el favor que esperaba, enviaba un mayordomo suyo que se decia Torralva, á lo negociar, y trujo provisiones para que fuese adelantado y gobernador desde el rio de San Pedro y San Pablo y todo lo que descubriese; y por aquellas provisiones envió luego tres navíos con hasta ducientos y setenta soldados con bastimentos y caballos, con el capitan por mí nombrado, que se decia Alonso Álvarez Pineda ó Pinedo, y que estaba poblando en un rio que se dice Pánuco, obra de setenta leguas de allí; y que ellos hicieron lo que su capitan les mandó, y que no tienen culpa.
Y como lo hubo entendido Cortés, con palabras amorosas les halagó, y les dijo que si podriamos tomar aquel navío; y el Guillen de la Loa, que era el más principal de los cuatro hombres, dijo que capearian y harian lo que pudiesen; y por bien que los llamaron y capearon, ni por señas que les hicieron, no quisieron venir, porque, segun dijeron aquellos hombres, su capitan les mandó que mirasen que los soldados de Cortés no topasen con ellos, porque tenian noticia que estábamos en aquella tierra; y cuando vimos que no venia el batel, bien entendimos que desde el navío nos habian visto venir por la costa adelante, y que si no era con maña no volverian con el batel á aquella tierra; é rogóles Cortés que se desnudasen aquellos cuatro hombres sus vestidos para que se los vistiesen otros cuatro hombres de los nuestros, y así lo hicieron; y luego nos volvimos por la costa adelante por donde habiamos venido, para que nos viesen volver desde el navío, para que creyesen los del navío que de hecho nos volvimos, y quedábamos los cuatro de nuestros soldados vestidos los vestidos de los otros cuatro, y estuvimos con Cortés en el monte escondidos hasta más de media noche que hiciese escuro para volvernos enfrente del riachuelo, y muy escondidos, que no pareciamos otros, sino los cuatro soldados de los nuestros; y como amaneció comenzaron á capear los cuatro soldados, y luego vinieron en el batel seis marineros, y