la mar que esa noche los llevasen en un batel obra de cuatro leguas de allí, hasta sacallos de á tierra segura fuera de los términos de Cempoal.
Y como amaneció, y los caciques de aquel pueblo y el cacique gordo hallaron ménos los dos prisioneros, querian muy de hecho sacrificar los otros que quedaban, si Cortés no se los quitara de su poder, é hizo del enojado porque se habian huido los otros dos; y mandó traer una cadena del navío y echólos en ella, y luego los mandó llevar á los navíos, é dijo que él los queria guardar, pues tan mal cobro pusieron de los demás; y cuando los hubieron llevado les mandó quitar las cadenas, é con buenas palabras les dijo que presto les enviaria á Méjico.
Dejémoslo así, que luego que esto fué hecho todos los caciques de Cempoal y de aquel pueblo é de otros que se habian allí juntado de la lengua totonaque, dijeron á Cortés que qué harian, pues que Montezuma sabria la prision de sus recaudadores, que ciertamente vendrian sobre ellos los poderes de Méjico del gran Montezuma, y que no podrian escapar de ser muertos y destruidos.
Y dijo Cortés con semblante muy alegre, que él y sus hermanos que allí estábamos los defenderiamos, y matariamos á quien enojar los quisiese.
Entónces prometieron todos aquellos pueblos y caciques á una que serian con nosotros en todo lo que les quisiésemos mandar, y juntarian todos sus poderes contra Montezuma y todos sus aliados.
Y aquí dieron la obediencia á su majestad por ante un Diego de Godoy el escribano, y todo lo que pasó lo enviaron á decir á los más pueblos de aquella provincia; é como ya no daban tributo ninguno, é los recojedores no parecian, no cabian de gozo en haber quitado aquel dominio.
Y dejemos esto, y diré cómo acordamos de nos bajar á lo llano á unos prados, donde comenzamos á hacer una fortaleza. Esto es lo que pasa, y no la relacion que sobre ello dieron al coronista Gómora.