hacienda; é que bien se ha parecido su mala voluntad y las traiciones, que no las pudieron encubrir, que aun de comer no nos daban, que por burla traian agua y leña, y decian que no habia maíz; y que bien sabe que tienen cerca de allí en unas barrancas muchas capitanías de guerreros esperándonos, creyendo que habiamos de ir por aquel camino á Méjico, para hacer la traicion que tienen acordada, con otra mucha gente de guerra que esta noche se ha juntado con ellos; que pues en pago de que los venian á tener por hermanos é decilles lo que Dios nuestro Señor y el Rey manda, nos querian matar é comer nuestras carnes, que ya tenian aparejadas las ollas con sal é ají é tomates; que si esto querian hacer, que fuera mejor nos dieran guerra como esforzados y buenos guerreros en los campos, como hicieron sus vecinos los tlascaltecas; é que sabe por muy cierto lo que tenian concertado en aquella ciudad y aun prometido á su ídolo abogado de la guerra, y que le habian de sacrificar veinte de nosotros delante del ídolo, y tres noches ántes ya pasadas que le sacrificaron siete indios porque les diese vitoria, la cual les prometió; é como es malo y falso, no tiene ni tuvo poder contra nosotros; y que todas estas maldades y traiciones que han tratado y puesto por la obra, han de caer sobre ellos; y esta razon se lo decia doña Marina, y se lo daban muy bien á entender; y como lo oyeron los papas y caciques y capitanes, dijeron que así es verdad lo que les dice, y que dello no tienen culpa, porque los embajadores de Montezuma lo ordenaron por mandado de su señor.
Entónces les dijo Cortés que tales traiciones como aquellas, que mandan las leyes reales que no queden sin castigo, é que por su delito que han de morir; é luego mandó soltar una escopeta, que era la señal que teniamos apercebida para aquel efecto, y se les dió una mano que se les acordara para siempre, porque matamos muchos dellos, y otros se quemaron vivos, que no les aprovechó las promesas de sus falsos ídolos; y no tardaron dos horas que no llegaron allí nuestros amigos los tlascaltecas que dejamos en el campo, como ya he dicho otra vez, y peleaban muy fuertemente en las calles, donde los cholultecas tenian otras capitanías