Y la vieja creyó lo que la decia, y quedóse con ella platicando y le preguntó que de qué manera nos habian de matar, é cómo é cuando se hizo el concierto; y la vieja se lo dijo ni más ni ménos que lo habian dicho los dos papas; é respondió la doña Marina:
—«Pues ¿cómo siendo tan secreto ese negocio, lo alcanzastes vos á saber?»
Dijo que su marido se lo habia dicho, que es capitan de una parcialidad de aquella ciudad, y como tal capitan está ahora con la gente de guerra que tiene á cargo, dando órden para que se junten en las barrancas con los escuadrones del gran Montezuma, y que cree estarán juntos esperando para cuando fuésemos, y que allí nos matarian; y que esto del concierto que lo sabia tres dias habia, porque de Méjico enviaron á su marido un atambor dorado, é á otras tres capitanías tambien les envió ricas mantas y joyas de oro, porque nos llevasen á todos á su señor Montezuma; y la doña Marina, como lo oyó, disimuló con la vieja, y dijo:
—«¡Oh cuánto me huelgo en saber que vuestro hijo con quien me quereis casar es persona principal! Mucho hemos estado hablando; no querria que nos sintiesen: por eso, madre, aguardad aquí, comenzaré á traer mi hacienda, porque no lo podré sacar todo junto; é vos é vuestro hijo, mi hermano, lo guardareis, y luego nos podremos ir.»
Y la vieja todo se lo creia, y sentóse de reposo la vieja, ella y su hijo; y la doña Marina entra de presto donde estaba el capitan Cortés, y le dice todo lo que pasó con la india; la cual luego la mandó traer ante él, y la tornó á preguntar sobre las traiciones y conciertos, y le dijo ni más ni ménos que los papas, y le pusieron guardas porque no se fuese; y cuando ameneció era cosa de ver la priesa que traian los caciques y papas con los indios de guerra, con muchas risadas y muy contentos, como si ya nos