Y cuando aquello vimos, como somos hombres y temiamos la muerte, muchos de nosotros y aun todos los más nos confesamos con el Padre de la Merced y con el Clérigo Juan Diaz, que toda la noche estuvieron en oir de penitencia y encomendándonos á Dios que nos librase no fuésemos vencidos; y desta manera pasamos hasta otro dia; y la batalla que nos dieron, aquí lo diré.
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CAPÍTULO LXIV.
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