É han de considerar los curiosos que esto leyeren tan grandes hechos: que entónces hicimos dar con los navíos al través; lo otro osar entrar en tan fuerte ciudad, teniendo tantos avisos que allí nos habian de matar cuando dentro nos tuviesen; lo otro tener tanta osadía de osar prender al gran Montezuma, que era Rey de aquella tierra, dentro en su gran ciudad y en sus mismos palacios, teniendo tan gran número de guerreros de su guarda; y lo otro osar quemar sus capitanes delante de sus palacios y echalle grillos entretanto que se hacia la justicia, que muchas veces ahora que soy viejo, me paro á considerar las cosas heróicas que en aquel tiempo pasamos, que me parece las veo presentes.
Y digo que nuestros hechos que no los haciamos nosotros, sino que venian todos encaminados por Dios; porque, ¿qué hombres ha habido en el mundo que osasen entrar cuatrocientos y cincuenta soldados, y aun no llegábamos á ellos, en una fuerte ciudad como Méjico, que es mayor que Venecia, estando tan apartados de nuestra Castilla sobre más de mil y quinientas leguas y prender á un tan gran señor y hacer justicia de sus capitanes delante dél? Porque hay mucho que ponderar en ello, y no así secamente como yo lo digo.
Pasaré adelante, y diré cómo Cortés despachó luego otro capitan que estuviese en la Villa-Rica como estaba el Juan Escalante que mataron.