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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO XIV.

Volvamos á nuestro cuento: que como estábamos en aquellos arenales, vinieron luego indios de pueblos allí comarcanos á trocar su oro en joyezuelas á nuestros rescates; mas eran tan pocos y de tan poco valor, que no haciamos cuenta dello; y estuvimos siete dias de la manera que he dicho, y con los muchos mosquitos no nos podiamos valer, y viendo que el tiempo se nos pasaba, y teniendo ya por cierto que aquellas tierras no eran islas, sino tierra firme, y que habia grandes pueblos, y el pan de cazabe muy mohoso é sucio de las fátulas, y amargaba, y los que allí veniamos no éramos bastantes para poblar, cuanto más que faltaban diez de nuestros soldados, que se habian muerto de las heridas y estaban otros cuatro dolientes; é viendo todo esto, fué acordado que lo enviásemos á hacer saber al gobernador Diego Velazquez para que nos enviase socorro; porque el Juan de Grijalva muy gran voluntad tenia de poblar con aquellos pocos soldados que con él estábamos, y siempre mostró un grande ánimo de un muy valeroso capitan, y no como lo escribe el coronista Gómora.

Pues para hacer esta embajada acordamos que fuese el capitan Pedro de Albarado en un navío que se decia San Sebastian, porque hacia agua, aunque no mucha, porque en la isla de Cuba se diese carena y pudiesen en él traer socorro é bastimento.

Y tambien se concertó que llevase todo el oro que se habia rescatado y ropa de mantas, y los dolientes; y los capitanes escribieron al Diego Velazquez cada uno lo que le pareció, y luego se hizo á la vela é iba la vuelta de la isla de Cuba, adonde los dejaré agora, así al Pedro de Albarado como al Grijalva, y diré cómo el Diego Velazquez habia enviado en busca nuestra.

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