decia Fulano de Mora, natural de Ciudad-Rodrigo, tomó dos gallinas de una casa de indios de aquel pueblo, y Cortés, que lo acertó á ver, hubo tanto enojo de lo que delante del hizo aquel soldado en los pueblos de paz en tomar las gallinas, que luego le mandó echar una soga á la garganta, y le tenian ahorcando si Pedro de Albarado, que se halló junto á Cortés, no le cortara la soga con la espada, y medio muerto quedó el pobre soldado.
He querido traer esto aquí á la memoria para que vean los curiosos letores cuán ejemplarmente procedia Cortés, y lo que esto importa en esta ocasion. Despues murió este soldado en una guerra en la provincia de Guatimala sobre un peñol.
Volvamos á nuestra relacion: que, como salimos de aquellos pueblos que dejamos de paz, yendo para Cempoal, estaba el cacique gordo, con otros principales, aguardándonos en unas chozas con comida; que, aunque son indios, vieron y entendieron que la justicia es santa y buena, y que las palabras que Cortés les habia dicho, que veniamos á desagraviar y quitar tiranías, conformaban con lo que pasó en aquella entrada, y tuviéronnos en mucho más que de ántes, y allí dormimos en aquellas chozas, y todos los caciques nos llevaron acompañando hasta los aposentos de su pueblo; y verdaderamente quisieran que no saliéramos de su tierra, porque se temian de Montezuma no enviase su gente de guerra contra ellos; y dijeron á Cortés, pues éramos ya sus amigos, que nos quieren tener por hermanos, que será bien que tomásemos de sus hijas é parientas para hacer generacion; y que para que más fijas sean las amistades trujeron ocho indias, todas hijas de caciques, y dieron á Cortés una de aquellas cacicas, y era sobrina del mismo cacique gordo, y otra dieron á Alonso Hernandez Puertocarrero y era hija de otro gran cacique que se decia Cuesco en su lengua; y traíanlas vestidas á todas ocho con ricas camisas de la tierra y bien ataviadas á su usanza, y cada una dellas un collar de oro al cuello, y en las orejas cercillos de oro, y venian acompañadas de otras indias para se servir dellas; y cuando el cacique gordo las presentó, dijo á Cortés: