allegaron muchos principales acompañándole; y como entramos en lo poblado no cabian por las calles y azuteas, de tantos indios é indias que nos salian á ver con rostros muy alegres, y trujeron obra de veinte piñas hechas de muchas rosas de la tierra, diferenciadas las colores y de buenos olores, y las dieron á Cortés y á los demás soldados que les parecian capitanes, especial á los de á caballo; y como llegamos á unos buenos patios adonde estaban los aposentos, tomaron luego por la mano á Cortés, Xicotenga el viejo y Masse-Escaci, y le meten en los aposentos, y allí tenian aparejado para cada uno de nosotros á su usanza unas camillas de esteras y mantas de nequen; y tambien se aposentaron los amigos que traiamos de Cempoal y de Cocotlan cerca de nosotros; y mandó Cortés que los mensajeros del gran Montezuma se aposentasen junto con su aposento.
Y puesto que estábamos en tierra que viamos claramente que estaban de buenas voluntades y muy de paz, no nos