los teules que vayan mucho en buen hora; y así fueron, y se quedaron los mejicanos, que no pasaron adelante; y cuando los caciques de Chinanta entendieron á lo que iban, juntaron copia de sus gentes para lavar oro, y le llevaron á unos rios, donde cogieron el demás oro que venia por su parte en granos crespillos, porque dijeron los mineros que aquello era de más duraderas minas, como de nacimiento; y tambien trujo el capitan Pizarro dos caciques de aquella tierra, que vinieron á ofrecerse por vasallos de su Majestad y tener nuestra amistad, y aun trujeron un presente de oro; y todos aquellos caciques á una decian mucho mal de los mejicanos, que eran tan aburridos de aquellas provincias por los robos que les hacian, que no podian ver, ni aun mentar sus nombres.
Cortés recibió bien al Pizarro y á los principales que traia, y tomó el presente que le dieron, y porque há muchos años ya pasados, no me acuerdo qué tanto era; y se ofreció con buenas palabras que les ayudaria y seria su amigo de los chinantecas, y les mandó que fuesen á su provincia; y porque no recibiesen algunas molestias en el camino, mandó á dos principales mejicanos que los pusiesen en sus tierras, y que no se quitasen dellos hasta que estuviesen en salvo, y fueron muy contentos.