Y una cosa de reir es, que tenian en cada provincia sus ídolos, y los de la una provincia ó ciudad no aprovechaban á los otros; é así, tenian infinitos ídolos y á todos sacrificaban.
Y despues que nuestro capitan y todos nosotros nos cansamos de andar y ver tantas diversidades de ídolos y sus sacrificios, nos volvimos á nuestros aposentos, y siempre muy acompañados de principales y caciques que Montezuma enviaba con nosotros.
Y quedarse há aquí, y diré lo que más hicimos.