los embajadores de Montezuma disimulásemos, y les dijésemos que los malos de los cholultecas han querido hacer una traicion, y echar la culpa della á su señor Montezuma, é á ellos mismos como sus embajadores; lo cual no creiamos que tal mandase hacer, y que les rogábamos que se estuviesen en el aposento de nuestro capitan, é no tuviesen más plática con los de aquella ciudad, porque no nos dén que pensar que andan juntamente con ellos en las traiciones, y para que se vayan con nosotros á Méjico por guias; y respondieron que ellos ni su señor Montezuma no saben cosa ninguna de lo que les dicen; y aunque no quisieron, les pusimos guardas porque no se fuesen sin licencia y porque no supiese Montezuma que nosotros sabiamos que él era quien lo habia mandado hacer; é aquella noche estuvimos muy apercebidos y armados, y los caballos ensillados y enfrenados, con grandes velas y rondas, que esto siempre lo teniamos de costumbre, porque tuvimos por cierto que todas las capitanías así de mejicanos como de cholultecas, aquella noche habian de dar sobre nosotros; y una india vieja, mujer de un cacique, como sabia el concierto y trama que tenian ordenado, vino secretamente á doña Marina, nuestra lengua,
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CAPÍTULO LXXXIII.
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