La exactitud es, en todo caso, ventajosa para la belleza, y el justo raciocinio para el delicado sentimiento. En vano intentaríamos exaltar el uno depreciando el otro.
Además, podemos observar en cada arte o profesión, incluso en aquellas que más conciernen a la vida o la acción, que un espíritu de exactitud, comoquiera que se adquiera, acerca a todas ellas a su perfección y las hace más subservientes a los intereses de la sociedad.
Y aunque un filósofo viva alejado de los negocios, el genio de la filosofía, si es cultivado cuidadosamente por varios, debe difundirse gradualmente por toda la sociedad y otorgar una corrección similar a cada arte y oficio.
El político adquirirá mayor previsión y sutileza en la subdivisión y el equilibrio del poder; el jurista, más método y mejores principios en sus razonamientos; y el general, más regularidad en su disciplina y más cautela en sus planes y operaciones.
La estabilidad de los gobiernos modernos por encima de los antiguos, y la exactitud de la filosofía moderna, han mejorado, y probablemente seguirán mejorando, mediante gradaciones similares.
Si no hubiera otra ventaja que cosechar de estos estudios, más allá de la gratificación de una curiosidad inocente, ni aun esta debería ser desdeñada, por ser un acceso a esos pocos placeres seguros e inofensivos que le son concedidos al género humano. El sendero más dulce y apacible de la vida transcurre por las avenidas de la ciencia y el saber; y quienquiera que logre eliminar cualquier obstáculo en este camino, o abrir una nueva perspectiva, debe ser considerado en tal medida un benefactor de la humanidad. Y aunque estas investigaciones puedan parecer penosas y fatigosas, ocurre con algunas mentes lo mismo que con ciertos cuerpos que, dotados de