CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/An Enquiry Concerning Human UnderstandingPublic
Página 183 de 194
Table of Contents

Parte II

Nada puede ser más convincente y satisfactorio que todas las conclusiones relativas a las propiedades de los círculos y los triángulos; y sin embargo, una vez aceptadas estas, ¿cómo podemos negar que el ángulo de contacto entre un círculo y su tangente es infinitamente menor que cualquier ángulo rectilíneo, que a medida que se aumenta el diámetro del círculo in infinitum, este ángulo de contacto se hace aún menor, también in infinitum, y que el ángulo de contacto entre otras curvas y sus tangentes puede ser infinitamente menor que los que hay entre cualquier círculo y su tangente, y así sucesivamente, in infinitum? La demostración de estos principios parece tan inatacable como la que prueba que los tres ángulos de un triángulo son iguales a dos rectos, a pesar de que esta última opinión sea natural y sencilla, y la primera esté llena de contradicción y absurdo.

La razón parece verse aquí arrojada a una especie de asombro y desconcierto que, sin necesidad de las sugerencias de ningún escéptico, le infunde desconfianza en sí misma y en el terreno que pisa.

Ve una luz plena que ilumina ciertos lugares, pero esa luz linda con la oscuridad más profunda. Y entre ambas se halla tan deslumbrada y confusa que apenas puede pronunciarse con certeza y seguridad acerca de un solo objeto.

El absurdo de estas osadas determinaciones de las ciencias abstractas parece volverse, de ser posible, aún más palpable con respecto al tiempo que a la extensión.

Un número infinito de partes reales del tiempo, que transcurren sucesivamente y se agotan una tras otra, parece una contradicción tan evidente que cabría pensar que ningún hombre, cuyo juicio no esté corrompido —en vez de mejorado— por las ciencias, sería jamás capaz de admitirla.

183