inteligencia y benevolencia que aparece en su obra, pero nada más puede probarse jamás, a menos que recurramos a la ayuda de la exageración y la adulación para suplir los defectos de la argumentación y el raciocinio. > Hasta donde los vestigios de cualquier atributo aparecen en la actualidad, hasta ahí podemos concluir que existen dichos atributos. La suposición de otros atributos es mera hipótesis; mucho más lo es la suposición de que, en regiones distantes del espacio o en periodos de tiempo lejanos, ha habido o habrá una manifestación más magnífica de estos atributos y un plan de administración más acorde con tales virtudes imaginarias. Nunca se nos permitirá ascender desde el universo, el efecto, hasta Júpiter, la causa, y luego descender para inferir cualquier nuevo efecto de esa causa; como si los efectos presentes por sí solos no fueran enteramente dignos de los gloriosos atributos que atribuimos a esa deidad. Derivándose el conocimiento de la causa únicamente del efecto, ambos deben ajustarse exactamente el uno al otro; y el primero nunca puede referirse a nada más, ni ser el fundamento de ninguna nueva inferencia y
Encontráis ciertos fenómenos en la naturaleza. Buscáis una causa o autor. Imagináis que lo habéis encontrado. Os enamoráis después de este vástago de vuestro cerebro, de modo que creéis imposible que no deba producir algo mayor y más perfecto que la actual escena de las cosas, la cual está tan llena de males y desórdenes. Olvidáis que esta inteligencia y benevolencia superlativas son enteramente imaginarias, o, al menos, carecen de todo fundamento en la razón; y que no tenéis motivo para atribuirle ninguna cualidad, excepto