a creer que tal cualidad de hecho existe y se manifestará al acercarnos más. Esta creencia es el resultado necesario de colocar a la mente en tales circunstancias. Es una operación del alma cuando nos hallamos en tal situación, tan inevitable como sentir la pasión del amor cuando recibimos beneficios, o el odio cuando sufrimos injurias. Todas estas operaciones son una especie de instintos naturales que ningún razonamiento o proceso del pensamiento y del entendimiento es capaz de producir o de impedir.
En este punto, nos estaría muy permitido detener nuestras investigaciones filosóficas. En la mayoría de las cuestiones no podemos dar jamás un solo paso más; y en todas ellas debemos terminar aquí por fin, tras nuestras más inquietas y curiosas indagaciones. Pero aun así nuestra curiosidad será excusable, tal vez encomiable, si nos lleva a ulteriores investigaciones y nos hace examinar con mayor precisión la naturaleza de esta creencia y de la conjunción habitual de donde deriva. Por este medio podremos hallar algunas explicaciones y analogías que resultarán satisfactorias; al menos para quienes aman las ciencias abstractas y pueden entretenerse con especulaciones que, por muy precisas que sean, aún conservan un grado de duda e incertidumbre. En cuanto a los lectores de un gusto diferente, la parte restante de esta sección no está concebida para ellos, y las subsiguientes indagaciones podrán comprenderse perfectamente aunque esta se pase por alto.