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nydus/An Enquiry Concerning Human UnderstandingPublic
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Parte I

Imaginamos que, si nos trajeran de repente a este mundo, habríamos podido inferir desde el primer momento que una bola de billar comunicaría movimiento a otra al recibir su impacto, y que no habríamos necesitado esperar al acontecimiento para pronunciarnos con certeza sobre él. Tal es la influencia de la costumbre que, allí donde es más fuerte, no solo encubre nuestra ignorancia natural, sino que se oculta a sí misma y parece no tener lugar, meramente porque se halla en su grado más alto.

Pero para convencernos de que todas las leyes de la naturaleza, y todas las operaciones de los cuerpos sin excepción, se conocen solo por la experiencia, las siguientes reflexiones quizás sean suficientes.

Si se nos presentara algún objeto y se nos exigiera pronunciarnos acerca del efecto que de él resultará, sin consultar la observación pasada; ¿de qué manera, os lo suplico, debe proceder la mente en esta operación?

Debe inventar o imaginar algún evento, que le atribuye al objeto como su efecto; y es evidente que esta invención debe ser enteramente arbitraria.

La mente jamás podrá hallar el efecto en la supuesta causa, por muy minuciosos que sean su escrutinio y su examen. Pues el efecto es totalmente diferente de la causa y, por consiguiente, jamás podrá ser descubierto en ella. El movimiento en la segunda bola de billar es un acontecimiento completamente distinto del movimiento en la primera; ni hay en el uno cosa alguna que sugiera la más mínima pista del otro. Una piedra o un trozo de metal elevados en el aire, y dejados sin ningún apoyo, caen inmediatamente: pero si consideramos la cuestión a priori, ¿hay algo que descubramos en esta situación que pueda engendrar la idea de un movimiento hacia abajo, en lugar de hacia arriba, o de cualquier otro movimiento, en la piedra o en el metal?

Y así como la primera imaginación o invención de un efecto particular es arbitraria en todas las operaciones naturales, cuando no consultamos la

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