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nydus/An Enquiry Concerning Human UnderstandingPublic
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Parte II

Cuando aquel intrigante político huyó a España para escapar de la persecución de sus enemigos, pasó por Zaragoza, la capital de Aragón, donde le mostraron, en la catedral, a un hombre que había servido durante siete años como portero, y que era bien conocido por todos en la ciudad que alguna vez hubieran rendido devoción en dicha iglesia. Había sido visto, durante tanto tiempo, careciendo de una pierna; pero recuperó dicha extremidad mediante la fricción de aceite santo sobre el muñón; y el cardenal nos asegura que lo vio con dos piernas. Este milagro estaba abalado por todos los cánones de la iglesia; y se apeló a toda la compañía de la ciudad para la confirmación del hecho, a quienes el cardenal encontró, por su devoción fervorosa, como creyentes absolutos del milagro.

Aquí el narrador era también contemporáneo del supuesto prodigio, de un carácter incrédulo y libertino, además de de un gran genio; el milagro, de una naturaleza tan singular que difícilmente podía admitir una falsificación, y los testigos muy numerosos, y todos ellos, en cierto modo,

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