incapaz de un sentimiento o pasión propios de su especie, hallamos sin embargo que la misma observación se cumple en menor grado. Un hombre de modales apacibles no puede formarse idea de la venganza inveterada o de la crueldad; ni un corazón egoísta puede concebir fácilmente las alturas de la amistad y la generosidad. Se admite fácilmente que otros seres pueden poseer muchos sentidos de los cuales no podemos tener concepción alguna; porque sus ideas nunca nos han sido introducidas de la única manera mediante la cual una idea puede tener acceso a la mente, a saber, por el sentimiento y la sensación reales.
Hay, sin embargo, un fenómeno contradictorio, que puede demostrar que no es absolutamente imposible que surjan ideas independientes de sus impresiones correspondientes.
Creo que se admitirá fácilmente que las diversas ideas distintas de color, que entran por el ojo, o las de sonido, que son transmitidas por el oído, son realmente diferentes entre sí; aunque, al mismo tiempo, se asemejan.
Ahora bien, si esto es verdad respecto a los diferentes colores, no lo será menos respecto a los diferentes matices de un mismo color; y cada matiz produce una idea distinta, independiente de los demás. Pues si esto fuera negado, es posible, mediante la gradación continua de los matices, hacer que un color pase insensiblemente a lo que está más lejos de él; y si no se admite que ninguno de los medios es diferente, no se puede, sin absurdo, negar que los extremos sean lo mismo.
Supongamos, por lo tanto, que una persona ha disfrutado de la vista durante treinta años, y que se ha familiarizado perfectamente con colores de toda especie, excepto un tono particular de azul, por ejemplo, con el que nunca ha tenido la fortuna de encontrarse. Pónganse ante ella todos los diferentes matices de ese color, excepto ese único tono, colocados en orden descendente gradual desde el más oscuro