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nydus/An Enquiry Concerning Human UnderstandingPublic
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Parte I

Parece también evidente que, cuando los hombres siguen este ciego y poderoso instinto de la naturaleza, siempre suponen que las imágenes mismas, presentadas por los sentidos, son los objetos externos, y jamás abrigan la sospecha de que unas no son más que representaciones de los otros.

Esta misma mesa, que vemos blanca y que sentimos dura, se cree que existe independientemente de nuestra percepción y que es algo externo a nuestra mente, que la percibe.

  • Nuestra presencia no le otorga el ser:
  • nuestra ausencia no la aniquila.

Conserva su existencia uniforme e íntegra, independientemente de la situación de los seres inteligentes que la perciben o contemplan.

Pero esta opinión universal y primordial de todos los hombres pronto es destruida por la filosofía más elemental, la cual nos enseña que nada puede estar jamás presente en la mente sino una imagen o percepción, y que los sentidos son solo los canales de entrada a través de los cuales estas imágenes son transmitidas, sin ser capaces de producir ninguna comunicación directa entre la mente y el objeto. La mesa que vemos parece disminuir a medida que nos alejamos de ella; pero la mesa real, que existe independientemente de nosotros, no sufre ninguna alteración: era, por consiguiente, nada más que su imagen lo que estaba presente en la mente. Estos son los dictados evidentes de la razón; y ningún hombre reflexivo ha dudado jamás de que las existencias que consideramos, cuando decimos esta casa y aquel árbol, no son sino percepciones en la mente, y copias o representaciones pasajeras de otras existencias que permanecen uniformes e independientes.

Hasta aquí, pues, nos vemos obligados por el razonamiento a contradecir o apartarnos de los instintos primarios de la naturaleza, y a abrazar un nuevo sistema respecto a la evidencia de nuestros sentidos.

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