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nydus/An Enquiry Concerning Human UnderstandingPublic
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Parte II

En el razonamiento precedente hemos supuesto que el testimonio en que se funda un milagro puede posiblemente equivaler a una prueba completa, y que la falsedad de tal testimonio sería un verdadero prodigio: mas es fácil demostrar que hemos sido demasiado generosos en nuestra concesión, y que jamás ha habido un acontecimiento milagroso establecido sobre una evidencia tan plena.

En primer lugar, no se halla en toda la historia ningún milagro atestiguado por un número suficiente de hombres, de tan indiscutible buen sentido, educación y erudición, como para asegurarnos contra todo autoengaño por su parte; de tan indudable integridad, como para situarlos más allá de toda sospecha de cualquier propósito de engañar a otros; de tal crédito y reputación a los ojos de la humanidad, como para tener mucho que perder en caso de ser descubiertos en alguna falsedad; y que, al mismo tiempo, atestigüen hechos realizados de manera tan pública y en una parte del mundo tan célebre, como para hacer inevitable su descubrimiento: circunstancias todas que son requeridas para darnos una total certeza en el testimonio de los hombres.

En segundo lugar, podemos observar en la naturaleza humana un principio que, si se examina rigurosamente, se verá que disminuye en extremo la seguridad que podríamos tener, a partir del testimonio humano, en cualquier tipo de prodigio. La máxima por la que comúnmente nos guiamos en nuestros razonamientos es que los objetos de los que no tenemos experiencia se asemejan a aquellos de los que sí la tenemos; que lo que hemos encontrado más habitual es siempre lo más probable; y que, cuando hay una oposición de argumentos, debemos dar preferencia a aquellos que se fundan en el mayor número de observaciones pasadas. Pero aunque, al proceder según esta regla, rechazamos fácilmente cualquier hecho que sea inusual e increíble en un

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