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nydus/An Enquiry Concerning Human UnderstandingPublic
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Parte I

Pero aquí la filosofía se halla sumamente desconcertada cuando intenta justificar este nuevo sistema y evitar las objeciones y reparos de los escépticos. Ya no puede apelar al instinto infalible e irresistible de la naturaleza, pues este nos condujo a un sistema bien distinto, que se reconoce falible e incluso erróneo. Y justificar este pretendido sistema filosófico mediante una cadena de argumentos claros y convincentes, o incluso con cualquier apariencia de argumento, supera la capacidad de toda la humanidad.

¿Con qué argumento puede probarse que las percepciones de la mente deben ser causadas por objetos externos, enteramente diferentes de ellas, aunque se asemejen a ellas (si eso es posible), y que no podrían surgir ni de la energía de la propia mente, ni de la sugestión de algún espíritu invisible y desconocido, ni de alguna otra causa aún más desconocida para nosotros?

Se reconoce que, de hecho, muchas de estas percepciones no surgen de nada externo, como en los sueños, la locura y otras enfermedades. Y nada puede ser más inexplicable que la manera en que el cuerpo puede actuar sobre la mente de tal modo que llegue a transmitir una imagen de sí mismo a una sustancia que se supone de una naturaleza tan diferente, e incluso contraria.

Es una cuestión de hecho si las percepciones de los sentidos son producidas por objetos externos que se les asemejan: ¿cómo debe determinarse esta cuestión?

Por la experiencia, ciertamente; como todas las demás cuestiones de análoga naturaleza. Pero aquí la experiencia es, y debe ser, enteramente muda. La mente nunca tiene presente otra cosa que las percepciones, y no puede alcanzar de ningún modo experiencia alguna de su conexión con los objetos. La suposición de tal conexión carece, por tanto, de todo fundamento en el razonamiento.

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