¿Son las acciones de una misma persona muy diversas en los diferentes periodos de su vida, desde la infancia hasta la vejez? Esto da lugar a muchas observaciones generales sobre el cambio gradual de nuestros sentimientos e inclinaciones, y las diferentes máximas que prevalecen en las distintas edades de las criaturas humanas. Incluso los caracteres que son peculiares de cada individuo tienen una uniformidad en su influencia; de otro modo, nuestro conocimiento de las personas y nuestra observación de su conducta nunca podrían enseñarnos sus disposiciones, ni servir para dirigir nuestro comportamiento con respecto a ellas.
Concedo que es posible hallar algunas acciones que parecen no tener conexión regular con ningún motivo conocido, y que son excepciones a todas las reglas de conducta que jamás se han establecido para el gobierno de los hombres.
Pero si deseamos saber de buen grado qué juicio debe formarse acerca de tales acciones irregulares y extraordinarias, podemos considerar los sentimientos que comúnmente se abrigan respecto a aquellos acontecimientos irregulares que aparecen en el curso de la naturaleza y en las operaciones de los objetos externos.
No todas las causas están unidas a sus efectos habituales con la misma uniformidad. Un artesano que maneja únicamente materia muerta puede ver frustrado su propósito, al igual que el político que dirige la conducta de agentes sensibles e inteligentes.
El vulgo, que juzga las cosas por su primera apariencia, atribuye la incertidumbre de los acontecimientos a una tal incertidumbre en las causas que hace que estas últimas fallen a menudo en su influencia habitual, aunque no encuentren ningún impedimento en su funcionamiento.