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nydus/An Enquiry Concerning Human UnderstandingPublic
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Parte II

Ciertamente nunca hubo un mayor número de milagros atribuidos a una sola persona, que aquellos que recientemente se decía que se habían obrado en Francia sobre la tumba del abate Pâris, el famoso jansenista, con cuya santidad el pueblo estuvo tanto tiempo engañado.

La curación de enfermos, la devolución del oído a los sordos y de la vista a los ciegos, eran comentadas por todas partes como los efectos habituales de aquel sepulcro santo.

Pero lo que es más extraordinario: muchos de los milagros fueron probados inmediatamente sobre el terreno, ante jueces de integridad indiscutible, atestiguados por testigos de crédito y distinción, en una era culta y en el escenario más prominente que hay ahora en el mundo.

Ni esto es todo: una relación de ellos fue publicada y dispersada por todas partes; y los jesuitas —a pesar de ser un cuerpo culto, respaldados por el magistrado civil y decididos enemigos de aquellas opiniones a cuyo favor se decía que se habían obrado los milagros— jamás pudieron refutarlos o detectarlos claramente.

¿Dónde encontraremos tal número de circunstancias que concurran a la corroboración de un solo hecho?

Y ¿qué tenemos para oponernos a semejante nube de testigos, sino la absoluta imposibilidad o naturaleza milagrosa de los acontecimientos que relatan?

Y esto ciertamente, a los ojos de toda la gente razonable, será considerado por sí solo como una refutación suficiente.

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