Si me dices que una persona está enamorada, comprendo fácilmente tu significado y me hago una justa idea de su situación; pero jamás puedo confundir esa idea con los verdaderos desórdenes y agitaciones de la pasión. Cuando reflexionamos sobre nuestros sentimientos y afecciones pasados, nuestro pensamiento es un espejo fiel y copia sus objetos con exactitud; pero los colores que emplea son débiles y apagados, en comparación con aquellos con los que se revestían nuestras percepciones originales. No se requiere un discernimiento sutil ni una cabeza metafísica para señalar la diferencia entre ambas.
Aquí por lo tanto podemos dividir todas las percepciones de la mente en dos clases o especies, que se distinguen por sus diferentes grados de fuerza y vivacidad. Las menos forzosas y vivaces se denominan comúnmente Pensamientos o Ideas . La otra especie carece de nombre en nuestra lengua, y en casi todas las demás; supongo que porque no era necesario para ningún propósito, salvo el filosófico, agruparlas bajo un término o apelativo general. Tomémonos, por lo tanto, un poco de libertad y llamémoslas Impresiones ; empleando esa palabra en un sentido algo diferente del habitual. Por el término impresión , pues, entiendo todas nuestras percepciones más vivaces, cuando oímos, o vemos, o sentimos, o amamos, o aborrecemos, o deseamos, o queremos. Y las impresiones se distinguen de las ideas, que son las percepciones menos vivaces de las cuales somos conscientes cuando reflexionamos sobre cualquiera de esas sensaciones o movimientos arriba mencionados.
Nada, a primera vista, puede parecer más ilimitado que el pensamiento del hombre, el cual no solo escapa a todo poder y autoridad humana, sino que ni siquiera está restrinjido dentro de los límites de la naturaleza y la realidad. Formar monstruos, y unir formas y apariencias incongruentes, no le cuesta a la imaginación más trabajo que concebir los objetos más