Pero aún no hemos alcanzado una satisfacción tolerable con respecto a la cuestión propuesta en primer lugar. Cada solución da lugar todavía a una nueva pregunta tan difícil como la anterior y nos conduce a ulteriores indagaciones.
Cuando se pregunta: «¿Cuál es la naturaleza de todos nuestros razonamientos acerca de cuestiones de hecho?», la respuesta adecuada parece ser que se fundan en la relación de causa y efecto.
Cuando se vuelve a preguntar: «¿Cuál es el fundamento de todos nuestros razonamientos y conclusiones acerca de esa relación?», se puede responder en una palabra: la experiencia.
Pero si aún mantenemos nuestro humor inquisitivo y preguntamos: «¿Cuál es el fundamento de todas las conclusiones extraídas de la experiencia?», esto implica una nueva pregunta, que puede ser de más difícil solución y explicación.
Los filósofos, que se las dan de sabiduría y suficiencia superiores, tienen una ardua tarea cuando se encuentran con personas de disposición inquisitiva, que los acorralan desde cualquier rincón al que se retiran y que sin duda terminan por llevarlos a algún dilema peligroso.
El mejor recurso para evitar esta confusión es ser modestos en nuestras pretensiones y descubrir incluso nosotros mismos la dificultad antes de que se nos objete. Por este medio, podemos hacer una especie de mérito de nuestra propia ignorancia.
Me contentaré, en esta sección, con una tarea fácil, y pretenderé únicamente dar una respuesta negativa a la cuestión aquí propuesta.