el opio un soporífero para todos los que han tomado estos medicamentos. Es verdad que, cuando una causa no produce su efecto habitual, los filósofos no atribuyen esto a ninguna irregularidad en la naturaleza, sino que suponen que algunas causas secretas, en la estructura particular de las partes, han impedido la operación.
Nuestros razonamientos y conclusiones acerca del acontecimiento son, sin embargo, los mismos que si este principio no tuviera lugar.
Al vernos determinados por la costumbre a transferir el pasado al futuro en todas nuestras inferencias —allí donde el pasado ha sido enteramente regular y uniforme—, esperamos el acontecimiento con la mayor seguridad y no dejamos margen para ninguna suposición contraria.
Pero cuando se ha encontrado que distintos efectos se siguen de causas que en apariencia son exactamente similares, todos estos varios efectos deben acudir a la mente al transferir el pasado al futuro, y entran en nuestra consideración cuando determinamos la probabilidad del acontecimiento.
Aunque damos la preferencia al que se ha mostrado más habitual y creemos que este efecto existirá, no debemos pasar por alto los otros efectos, sino que debemos asignar a cada uno de ellos un peso y una autoridad particulares, en proporción a como lo hayamos encontrado más o menos frecuente.
Es más probable, en casi todos los países de Europa, que hiele en algún momento de enero a que el tiempo continúe despejado durante todo ese mes; aunque esta probabilidad varía según los diferentes climas y se aproxima a la certeza en los reinos más septentrionales.