Si examinamos las bibliotecas, persuadidos de estos principios, ¡qué estragos no haremos!
Si tomamos en nuestras manos cualquier volumen; de divinidad o metafísica escolástica, por ejemplo; preguntemos: «¿Contiene algún razonamiento abstracto sobre la cantidad o el número?».
No.
«¿Contiene algún razonamiento experimental sobre la cuestión de hecho y de existencia?».
No.
Arrojémoslo entonces a las llamas: pues no puede contener más que sofistería e ilusión.