rogarle que me conceda sus opiniones respecto a un mando en la marina”.
Hasta donde los historiadores han podido averiguar, a nadie se le ocurrió jamás la idea de nombrar a Arnold almirante de la marina estadounidense. Pero claro, los historiadores no conocían a David S. Franks.
Él, un hombre de tierra adentro, había estado unas semanas con los barcos franceses. Tal vez era el amigo que «mencionó» el asunto. En cualquier caso, cuando Franks volvió a bajar de los barcos, fue para servir una vez más como testigo de Benedict Arnold.
Los cargos contra Arnold eran tales como estos:
- Permitir el desembarco de un barco enemigo y comprar una parte de su carga;
- imponer servicios meniales a los soldados (cargo provocado por una acción del mayor Franks);
- emitir pases ilegalmente —siendo el caso en cuestión el de una judía llamada Levy—;
- el uso de carruajes del ejército para sus asuntos privados, y así sucesivamente.
Este es el testimonio del mayor Franks en relación con el permiso que Arnold concedió a «The Charming Nancy» para atracar en un puerto de los Estados Unidos, contraviniendo la ley:
“P. (el tribunal) ¿Sabe si el general Arnold compró alguna parte del Charming Nancy o de su cargamento?
“R. No me consta por conocimiento propio, pero le he oído decir al general Arnold que sí lo hizo, y también le he oído decir al señor Seagrove que lo hizo.