bolchevique judío, pero no es de esto de lo que habla el Sr. Picciotto, sino de la tendencia observada en los Estados gentiles; y se pregunta: “Frente a una tendencia semejante en la evolución política (que no es arriesgado suponer que será más pronunciada en el futuro que en el pasado), ¿cuál es la situación del judío?”
Añade: «No está lejano el momento en que el desarrollo del Estado continuará por cauces orgánicos y colectivistas. La autoridad central abarcará un área cada vez más amplia y penetrará en los reductos de la libertad individual de un modo que se habría considerado inconcebible hace treinta o cuarenta años. El servicio militar obligatorio, la educación obligatoria, el seguro obligatorio no son sino hitos en el camino que conduce lógicamente a la adopción de una moral de Estado, un credo de Estado y una forma de vida común. Afirmar esto es tan solo indicar la tendencia probable, no aprobarla».
“¿Cómo va, pues, el Estado del futuro a tratar con un pueblo en su seno que preserva en gran medida su separación de sangre, que en sus ayunos, sus festividades, su día de descanso, sus leyes dietéticas, su ceremonia matrimonial, sugiere una entidad histórica distinta?”
La cuestión resulta inquietante para los judíos, tal como lo demuestran las palabras del rabino Segal en «El futuro del judaísmo». Incluso llega a afirmar que «el Estado medieval, con toda su tiranía y su oscurantismo», fue más favorable para los judíos que el Estado de tipo moderno.
«Su defectuosa organización permitía tanto a los individuos como a clases enteras vivir su vida a su manera. De ahí que el Estado medieval permitiera a los judíos organizarse sobre bases seminacionales y, en la medida en que las circunstancias lo permitían, recrear en su diáspora las instituciones y prácticas nacionales de su antigua mancomunidad».
Esto lo hicieron, por supuesto, estableciendo el gueto.