Sin embargo, fue a un hombre así a quien Washington le cumplió su palabra. El ejército iba en camino a Nueva York para atacar a los británicos. Cuando Arnold se acercó a caballo, el general Washington le dijo: «Vas a mandar el ala izquierda, el puesto de honor».
Los que estaban presentes relatan que, ante las palabras de Washington, el rostro de Arnold se ensombreció. La magnanimidad del Primer Americano no significaba nada para él. La oportunidad de recuperar su buena reputación había perdido de algún modo su valor.
Tan evidente fue la desilusión de Arnold, que Washington le pidió que fuera a caballo hasta el cuartel general y lo esperara allí. En el cuartel general, Arnold le reveló al ayudante de Washington, el coronel Tilghman, que su deseo no era un mando en el ejército, sino el mando de West Point. Por entonces, West Point no era más que un puesto en el río Hudson, muy alejado de la zona de combates importantes, y sin duda el último lugar en el que se habría pensado que el intrépido Arnold desearía estar.
La contradicción entre el deseo de acción de Arnold y la falta de acción en West Point llamó poderosamente la atención del general Washington. Él le había ofrecido a Arnold la oportunidad de rehabilitar su reputación; Arnold se resistía, pidiendo un destino donde por entonces no se podía prestar ningún servicio distinguido.
Ahora que el lector tome nota de este hecho: puede ser importante, puede carecer de importancia; puede tener alguna relación con la acción de Benedict Arnold, o puede no tener ninguna; pero el hecho es, sin embargo, el siguiente: El Forage Master, es decir, el intendente en West Point, era el coronel Isaac Franks, miembro de la misma familia que hemos estado considerando en estos artículos. Este