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nydus/The International Jew, Volume IV: Aspects of Jewish Power in the United StatesPublic
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LXII. Cómo los judíos obtuvieron el control de las bebidas alcohólicas en América

Por supuesto, el brebaje era «puro y sin adulterar» —también lo es el ácido carbólico—, ¡pero no era güisqui! Hubo violaciones de la ley a montones, y en el negocio de la rectificación se reconocía bastante bien como una práctica habitual destinar anualmente una cierta suma para pagar las multas que inevitablemente se le impondrían. Se desató una orgía de adulteración y chicanería, en la que se elaboraba güisqui en muchos sótanos de tabernas y se divulgaban los peligrosos secretos de la fabricación sintética de alcohol entre los clientes del trust.

Pronto los taberneros se percataron de que eran los chivos expiatorios del juego. Raras veces el judío se dedicaba a despachar cervezas a cinco centavos o whiskies a diez; eso le tocaba al «pendejo gentil»; el judío estaba en el extremo mayorista, donde se obtendrían las verdaderas ganancias. Pero era el tabernero el que cargaba con el peso de la culpa.

Los «destiladores» judíos —como se llamaba a los mezcladores y rebajadores de los distritos de Louisville y Peoria— usaban sombreros de copa y su respetabilidad era incuestionable.

Los taberneros hicieron un último esfuerzo por salvar su negocio, pero el brebaje que servían no había mejorado, y llegó la Ley Seca, barriendo con las tabernas pero, como la secuela demostrará, sin privar al mezclador judío de sus ganancias.

¿Qué parte del negocio de licores de los Estados Unidos correspondía al whisky y qué parte a espirituosos rectificados?

El Duodécimo Censo de los Estados Unidos, de 1900, decía: “La mayor parte de los licores destilados consumidos como bebida por el pueblo estadounidense pasan por casas rectificadoras. Las diferentes clases de alcoholes rectificados van desde las mezclas más baratas de alcoholes neutros y drogas hasta la simple combinación de güisqui joven y viejo”.

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