Algunos de estos profesores están a sueldo de organizaciones rojas externas. Existen Sociedades Socialistas Intercolegiales, plagadas de judíos e influencias judías, que arrastran a profesores judíos por todo el país, dirigiéndose a estudiantes de medicina y letras e incluso a las escuelas de teología, bajo el patrocinio de los mejores auspicios cívicos y universitarios. Los ciclos de conferencias para estudiantes son un excelente pasto para esta propaganda. Por doquier se establecen Ligas Liberales Intercolegiales, cuyo propósito evidente es dar a los estudiantes la emoción de creer que están participando en los inicios de un gran movimiento nuevo, comparable a la conquista de la Independencia o a la abolición de la esclavitud. A medida que las fiestas de cerveza (stein parties) dejen de ser gradualmente un pasatiempo universitario, las conferencias rojas ocuparán su lugar; es parte de la efervescencia de la juventud.
Las fuerzas revolucionarias que se agrupan en torno a la judería confían en gran medida en la respetabilidad que su movimiento recibe por la adhesión de los estudiantes y unos cuantos profesores. Así ocurrió en Rusia; todo el mundo sabe lo que el nombre de «estudiante» llegó a significar con el tiempo en ese país. Y, como resultado, mientras los sovietistas glorifican el «éxito» de la Revolución, hombres como Máximo Gorky lanzan llamamientos en busca de alimentos para evitar que la intelectualidad muera de hambre.
El Jewish Chautauqua, que trabaja casi exclusivamente en colegios universitarios y universidades, junto con el bolchevismo en el arte, la ciencia, la religión, la economía y la sociología, están arrasando directamente con las tradiciones anglosajonas y los hitos de nuestra raza de estudiantes. Y estos cuentan con la hábil asistencia de profesores y