“Por estas razones, toda familia judía adinerada, y muchas que están desprovistas de recursos, intentan salir de Rusia. No tienen deseos de detenerse en Lituania o Estonia, sino que buscan entrar en Alemania, con la idea de llegar eventualmente a América”.
Para ofrecer al lector los antecedentes de este miedo, ofrecemos parte de una carta de Kishinev que fue recibida por un residente de Dakota del Norte:
“Mi querido amigo Gutsche:
“Durante un mes no llegaron fugitivos, pero ahora de nuevo vienen muchos de ellos de Ucrania a Besarabia, la mayoría de los cuales son judíos. Son un grupo diferente a los fugitivos anteriores; pues llevan ropa cara, pieles, piedras preciosas, joyas, etc., como antes de la guerra solo se veía en personas muy adineradas, terratenientes y similares; tienen dinero y bienes equivalentes al dinero.
No cabe duda de que estos fugitivos ocupaban puestos de liderazgo en el régimen bolchevique, tal vez eran comisarios o incluso «jueces» en los «tribunales de sangre y de la inquisición» de la llamada «Tschreswytschaika» o, abreviado, «Tscheka»; sus carteras y bolsillos no están llenos de dinero de papel sin valor —pues ellos mismos lo han fabricado, millones y miles de millones de él, que han arrojado ante la prole cristiana, los «goies»—, no, están llenos de dinero y joyas preciosas que ya no muestran rastros de sangre y lágrimas, sino que brillan y relucen igual que en aquellas horas felices de sus legítimos dueños.
“Pero la gente de allí (de Rusia. —N. del ed.) se está despertando; se pregunta por el origen de todo este terror. Los hijos de Judá conocen la respuesta, pero prefieren abandonar el suelo que se está volviendo inseguro para ellos; se les está poniendo demasiado caliente. > Némesis levanta la cabeza de entre la sangre de la inocencia que clama al cielo por