de junio de 1914 había visto la entrada de 1.403.000 extranjeros a este país. Al analizar esta gran marea, demostró que, mientras que el seis por ciento procedía de Gran Bretaña y el dos por ciento de los países escandinavos, más del diez por ciento eran judíos. El tema del doctor era «Los orígenes raciales del pueblo estadounidense».
Nuevamente, sobre el tema «¿Qué ha hecho la inmigración por Estados Unidos?» —tema programado también por la Junta de Educación—, el Dr. Carter demostró que algunas partes de Europa habían dado lo peor en lugar de lo mejor, y afirmó que el porcentaje más bajo de inmigración provenía de los países mejor desarrollados y más deseables, mientras que el mayor porcentaje procedía de los menos deseables. Por ejemplo, diferenció entre los italianos deseables y aquellos que forman la materia prima para las actividades de la Mano Negra.
Hablando de Rusia y de Austria-Hungría, hizo una referencia a los judíos.
Pero el doctor Carter cometió un error —tal vez dos. Siempre es difícil determinar exactamente dónde cae la línea entre el miedo a ofender y el miedo a ser injusto.
En cualquier caso, el doctor Carter dio toda muestra de, digamos, miedo a ser injusto. Pero es miedo, y un judío huele el miedo a mucha distancia; el hombre que teme, aunque tema ser injusto, ya está fichado por el judío que casualmente esté apostado para vigilarlo.
De modo que el Dr. Carter, para evitar ofender con esta parte de su conferencia, hizo lo habitual que siempre ha provocado las burlas de la prensa judía: empezó a hacerles cumplidos a los judíos por sus buenas cualidades.