“En los siglos XVII y XVIII, los judíos ya habían alcanzado gran renombre como proveedores de ejércitos. Bajo la República, el contratista militar más famoso fue Antonio Fernández Carvajal, ‘el gran judío’, que llegó a Londres en algún momento entre 1630 y 1635, y muy pronto fue considerado uno de los comerciantes más destacados del país. En 1649 fue uno de los cinco comerciantes de Londres a quienes el consejo de estado confió el contrato militar para el suministro de grano. Se dice que importaba anualmente a Inglaterra plata por valor de 100.000 libras esterlinas. En el período subsiguiente, especialmente en las guerras de Guillermo III, sir Solomon Medina (‘el judío Medina’) fue ‘el gran contratista’, y por sus servicios fue nombrado caballero, siendo el primer judío confeso en recibir tal honor.
“Lo mismo ocurrió en las guerras de Sucesión española; también aquí los judíos fueron los principales proveedores del ejército. En 1716 los judíos de Estrasburgo recuerdan los servicios que prestaron a los ejércitos de Luis XIV al proporcionar información y suministrar provisiones. En efecto, el proveedor general del ejército de Luis XIV era un judío llamado Jacob Worms; y en el siglo dieciocho los judíos asumieron gradualmente un papel cada vez más prominente en esta labor. En 1727 los judíos de Metz introdujeron en la ciudad, en el espacio de seis semanas, 2000 caballos de abasto y más de 5000 de remonta. El mariscal de campo Mauricio de Sajonia, el vencedor de Fontenoy, expresó la opinión de que sus ejércitos nunca estuvieron mejor abastecidos de suministros que cuando los judíos eran los proveedores. Uno de los más conocidos proveedores del ejército en tiempos de los dos últimos Luises fue Cerf Beer, en cuya patente de naturalización consta que «... en las guerras que asolaron Alsacia en 1770 y 1771 encontró la oportunidad de demostrar su celo en nuestro servicio y en el del Estado»”.