Se recurrió a toda clase de prácticas. Se compraban drogas y cosechas «crudas» de güisqui, y el negocio de la «rectificación», como se le llamaba, comenzó a arruinar el proceso natural y saludable de la destilación.
Dinero rápido, sin importar lo que le sucediera al cliente; ese era el móvil del negocio de la rectificación.
Este negocio de la rectificación era mayormente judío. Aquí y allá algún no judío se asociaba con socios judíos, pero rara vez. Se había encontrado el modo de comerciar con la reputación del término «whisky» componiendo un líquido que parecía y sabía a whisky, pero cuyos efectos eran nocivos. Ese era el fraude capital: la usurpación del nombre «whisky» para un veneno sintético. Había una ocultación del significado de «aguardientes rectificados», un uso engañoso de la palabra «corte» [blend] e incluso una tergiversación de lo más fraudulenta en lo que respecta al añejamiento. Si se podía recurrir al engaño químico para que un whisky supiera como si tuviera nueve años, entonces se anunciaba como «Nueve años en madera».
He aquí un fragmento de un testimonio judicial judío:
Q. ¿Es su marca de whisky de nueve años de añejamiento?
A. Nueve años, pero quiero aclarar en ese sentido que puede que el whisky no existiera nueve años antes de ser metido en esa botella... Esa marca de whisky que etiquetamos como mezcla de nueve años, significa que equivale a un whisky de nueve años en suavidad y calidad.
Q. ¿Cómo llegó al hecho que puso en esta botella de que el whisky tenía nueve años?
A. Porque es comparativamente nueve años más viejo.
P. ¿Cómo llega a ese resultado?