poder unos insignificantes 3.000.000 manejar a los 100.000.000 del resto de nosotros? ¡Absurdo!».
Sí, que se acepte; si la idea judía es la más fuerte, si la habilidad judía es la mayor, que conquisten; que los principios anglosajones y el poder anglosajón caigan en ruinas ante la Tribu de Judá.
Pero primero que las dos ideas luchen bajo sus propias banderas; que sea una lucha justa.
No es una pelea justa cuando en el cine, en las escuelas públicas, en las iglesias judaizadas, en las universidades, la idea anglosajona se le oculta a los anglosajones bajo el pretexto de que es «sectaria», o «clanil», o «obsoleta» o alguna otra cosa. No es una pelea justa cuando las ideas judías se ofrecen como ideas anglosajonas, por el hecho de ofrecerse bajo auspicios anglosajones.
Dejad que la herencia de nuestros padres anglosajones-celtas tenga vía libre entre sus hijos anglosajones-celtas, y la idea judía jamás podrá triunfar sobre ella, ni en el foro universitario ni en los mercados de comercio. La idea judía nunca triunfa hasta que primero a la gente sobre la cual triunfa se le niega el alimento de su propia cultura nativa.
Judá ha comenzado la lucha. Judá ha hecho la invasión. Que venga. Que ningún hombre la tema. Pero que cada hombre exija que la pelea sea justa. Que los estudiantes universitarios y los líderes del pensamiento sepan que el objetivo es la regencia de las ideas y la raza que han construido toda la civilización que vemos y que prometen toda la civilización del futuro; que sepan también que la fuerza atacante es judía.
Eso es todo lo que será necesario. Y es contra esto contra lo que los judíos protestan. «No debéis identificarnos», dicen. «No debéis usar el término "judío"».