Algunas de sus injerencias más impertinentes se han señalado más arriba. Estas son, según la expresión judía, «actividades religiosas» con un tinte decididamente político.
Los siguientes extractos están tomados de los argumentos del Sr. Marshall, publicados en el Menorah Journal, el órgano oficial de la Chautauqua judía, en el sentido de que los Estados Unidos no son un país cristiano:
Cuando, en 1892, el juez Brewer, al emitir el fallo de la Corte Suprema de los Estados Unidos en el caso de la Iglesia de la Santísima Trinidad contra los Estados Unidos (144 U. S. 457), el cual involucraba una interpretación de la Ley de Trabajo de Extranjeros, se permitió el comentario obiter de que «esta es una nación cristiana», se presentó a la consideración de las mentes reflexivas un tema de no ordinaria importancia.
El fallo del juez Story en el caso Vidal contra los testamentarios de Girard (2 How. U. S., 198), en el sentido de que el cristianismo formaba parte del derecho consuetudinario de Pensilvania, también se invoca, pero no constituye una determinación judicial autorizada de dicha proposición. Tal observación no era necesaria para la decisión.
Las observaciones del juez Brewer, a las que ya se ha hecho referencia, tampoco eran necesarias para la decisión emitida por el tribunal.
El hecho de que se tome juramento a los testigos, de que se mantenga la hueca burla de inaugurar las asambleas deliberativas y las convenciones con una oración, de que los testamentos comiencen con la absurda frase «En el nombre de Dios, Amén», y de que funcionen gigantescas asociaciones misioneras para establecer misiones cristianas en todos los rincones del globo, también fueron citados como ejemplos. > Pero ninguna de estas ilustraciones ofrece prueba válida alguna en apoyo de la afirmación de que «esta es