mismos como unidos bajo el nombre de «gentiles». No tienen conciencia de raza o de clase; ciertamente no se consideran una unidad con respecto a los judíos como una unidad opuesta. Los «gentiles» no pueden organizarse en un solo grupo a nivel nacional, y mucho menos internacional, como pueden hacerlo los judíos. Los judíos de todosmatices de opinión, de todos los grados de religión y de irreligion, pueden unirse en todo el mundo, y se unen, teniendo su propio servicio de noticias, su propio servicio telegráfico, su propio «departamento exterior» (como ellos mismos lo describen), mediante el cual se mantienenn unidos e informados para la acción de masas. No hay nada que se acerque remotamente a eso entre los «gentiles».
No que este hecho pueda ser esgrimido contra los «gentiles» como una falta. Hay razones por las cuales los «gentiles» nunca podrán estar unidos. Y una razón es que entre los llamados «gentiles» hay una cepa superior predominante que no es «gentile» en absoluto; tampoco es judía.
Hay cepas raciales y morales entre la sección no judía del mundo que jamás podrán ser llevadas a un acuerdo. Y, fuera de esta cepa superior, entre los gentiles propiamente dichos, falta la base misma para una unión duradera.
De modo que la única unión que puede esperarse es una unión de la estirpe superior, que física y moralmente es inconquistable, y cuya tarea es liberar a los pueblos menores que caen fácilmente víctimas de la subversión y carecen de poder de reacción para rescatarse a sí mismos.
Es a esta Corriente del Golfo humana que fluye a través del océano de la humanidad, bendiciéndolo, a la que se ofrece este discurso. En cuanto a la identidad de esta sección de la humanidad: «El que tenga oídos para oír, que oiga». Los demás no lo harán, porque no pueden.