por medio del desafío de los judíos y a pesar de la Ley dada a Moisés, deberían reexaminar el fundamento de una conclusión tan extraña e inmoral. La quiebra de esta civilización, de esta era de civilización, se producirá debido al colapso de este sistema mediante el cual el judío ha obtenido su dominio sobre las naciones. El sistema que le otorga su dominio está condenado, está pasando, y la falacia del destino tribal judío de gobernar el mundo pasará con él.
Con este cambio ya en el umbral, cabría esperar que surgieran profetas en Judá para recordar a su pueblo la Ley cuya anterior negación significó su caída.
Estos profetas no pertenecerán a la «escuela de la reforma» que niega al Dios de Israel como una Persona divina, ni pertenecerán a la escuela ultraortodoxa que da gran importancia a los flecos y a la cocina; pertenecerán a la estirpe de los antiguos profetas que hablaron con osadía contra la violación de la ley fundamental por parte de Judá.
Nuestra confianza radica en que un número suficiente de judíos verá la verdad y actuará en consecuencia.
¿Cuál sería el mayor vuelco que la actual idea judía, la perturbadora idea judía, podría llegar a dar? Este:
el conocimiento de que el camino que están siguiendo es aquel al que su propia Ley condena al fracaso, y que el pueblo sobre el que esperan triunfar es aquel sobre el que sus propias Escrituras dicen que no deben triunfar.
Lo primero está fuera de toda discusión: no hay éxito para el judío, ni asentamiento de él en el mundo, excepto sobre la ley fundamental dada a Moisés. En cualquier otro intento, él debe caer cuando la estructura colapse.